Escenas cotidianas I
Los primeros
Quienes piensen que ser los primeros no es importante, se equivocan. En casi todos los aspectos de la vida alguien tiene que abrir el camino y hacerlo, en muchas ocasiones, supone tener que hacer un esfuerzo extra. Exige enfrentarse a incomodidades, tener que romper el hielo o arrancar la costra que recubre nuestro objetivo, superar la incertidumbre ante lo desconocido y despejar las dudas sobre qué debemos hacer.
Todo esto lo hacen cientos de chicas y chicos de Petrer cada día y son de los primeros en hacerlo cada mañana. Se dirigen a sus "puestos de trabajo" antes de que muchas fábricas empiecen a funcionar. Cada mañana, cuando todavía está oscuro, antes de que amanezca, decenas de jóvenes llenan los institutos de nuestro pueblo.
Lo hacen con la disciplina que para sí quisieran muchos adultos. En sus caras todavía se reflejan los últimos trazos del sueño interrumpido. En ocasiones, en sus manos tiemblan las hojas en las que dan el último al examen que les espera. Sorprenden a los fríos amaneceres de invierno caminando en grupos, extrañamente silenciosos para como esperamos que deban ser a su edad. Más tarde, cuando el sol luzca y sus ánimos despierten del todo, volverá a aparecer su energía, su alegría desbordante y, en ocasiones, desbordada.
Es entonces cuando se hacen visibles para todos. Es en esos momentos cuando nos damos cuenta de que están ahí y, muchas veces de manera injusta, les hacemos caso porque lo que hacen o dejan de hacer nos incomoda, nos molesta o simple y llanamente por la envidia que nos provoca que sean dueños del tiempo que ya no es nuestro y que les pertenece a ellas y ellos.
Los tildamos de ilusos porque son capaces de proyectar sus anhelos, de defender sus esperanzas sin más motivo ni razón que la de su fuerza y su convicción en que pueden hacerlo, lo que sea que se propongan. No les importa si el fracaso les aguarda, ni si se cruzarán con quienes, armados de palos, pretendan ponerlos en las ruedas de su empeño o si verán a otros enarbolando alfileres con los que hacer pinchar su confianza en los demás. No se arredran ante los malos augurios de quienes, desde la "experiencia" más ceniza, les dicen que si ellos, que ya lo intentaron antes, no lo consiguieron, nadie será capaz de hacerlo.
Pero las chicas y chicos que caminan con sus mochilas llenas, no se detienen. Por eso cada día siguen siendo los primeros en afrontar la vida con la valentía, el optimismo y la determinación de quien sabe que el futuro es suyo.
Yo solo les pido que me dejen estar a su lado. Prometo no mezclarme ni incordiar, pero sí compartir la fuerza y la ilusión de quienes empiezan y, cada día, quieren ser los primeros.