Se acercan días importantes para el futuro inmediato de Petrer, al menos para saber cómo se va a gestionar lo que quede en la arcas de nuestro Ayuntamiento. A pesar de que estamos a pocas semanas de que se apruebe el presupuesto para el año 2011, todavía no tenemos noticias claras de cómo van a ser, más allá de lo evidente, que si austeros, ajustados, equilibrados...
Los dineros de todos son un tema de enjundia, de tanta que a la mayor parte de la población le aburre e incluso le hastía. Y eso sí que es preocupante; no tanto el hecho de que a una parte de la gente le interese más el resumen, lo sustancial de lo que se hará o no con los impuestos que pagamos, cuanto que a muchas mujeres y hombres, jóvenes y mayores, les quede tan lejos, les resulte tan ajena la "gobernanza" de su pueblo.
Y éste es el mayor éxito de quienes nos gobiernan en Petrer desde hace tres años y medio. Están a punto de conseguir hacer desaparecer el espíritu crítico de la población. Eso sí, en el futuro todos podremos ir a llorar su pérdida porque quedará enterrado bajo un precioso monumento de brillantes ladrillos y replacetas, de rotondas y juegos florales, de imágenes para el recuerdo y de ágapes interminables en una apoteosis de inauguraciones con cortes de cintas sin fin.
Para conseguir el objetivo de aturdirnos y hacer que dejemos de pensar, quienes mandan han trabajado sin descanso para que todos dispongamos de butaca de primera fila. Todos en la misma butaca de la única y maravillosa primera fila. Han decidido que para muchas personas la verdad no esté en lo que les rodea, en lo que tocan, en lo que huelen o en lo que sienten, sino en lo que ven -o creen ver- a través de una sola versión de la realidad. Dicho y hecho, controlando los medios nos hacen ver sólo lo que ellos quieren.
Pero hace un tiempo nuestros gobernantes se dieron cuenta de que había un detalle que, por olvido o por la escasa importancia que le concedían, se les había pasado por alto: la gente hablaba, la gente seguía organizada, por tanto todavía quedaba quien seguía pensando y, lo más peligroso, había algunos que aún podían distinguir el espejismo de la realidad.
No tardaron en encontrar la solución a este engorroso problema. Decidieron que había que desmembrar la sociedad civil. Comenzaron por lo más superfluo: quien quisiera deporte, que lo pagara, pasaron luego al ocio, a las fiestas populares y, poco a poco, paso a paso, llegaron a la participación de los vecinos en al "gobernanza" de su pueblo. No la suprimieron de golpe, no les hizo falta, tan sólo tuvieron que desnaturalizarla. Convirtieron los "participativos" en una suerte de mercado de valores, y conscientes de que quienes juegan en la bolsa de valores no reconocen amigos, obtuvieron una nueva victoria. La desconfianza en los demás había echado raíces entre los vecinos.
Les queda la tarea de repetir su mensaje -aunque no sea cierto- tantas veces como sea necesario hasta que la gente lo acepte como verdadero: "las ideas no importan, la diversidad es peligrosa, ¡viva el pensamiento único! Y quien critique esta postura, está atacando al pueblo". Es lo que están haciendo y cada vez quedan menos personas que ponen en duda algo tan peligroso como es la renuncia a la identidad propia, como personas individuales y como parte de un colectivo. El pueblo está prácticamente listo para la traca final. Ya veremos lo que nos queda cuando cese el ruido y se disperse el humo. Nosotros estaremos allí y estaremos preparados.
"Senyor pirotècnic, pot començar la mascletà"