En días como los que nos toca vivir, con las dificultades por las que atraviesan muchas familias y con el desánimo campando incluso entre aquellos que van sorteando esta crisis, en momentos así, es fácil ceder ante el impulso de dejar nuestro futuro en manos de Magos, ya sean antiguos sabios monarcas o líderes recién elegidos.
De todo lo que estamos viviendo en los últimos años algo hemos tenido que aprender. Muchos hemos dejado de preguntarnos qué pueden hacer ellos por mí y hemos empezado a pensar qué puedo hacer yo por mejorar mi situación y, por extensión, la de los demás.
Esta es la idea que habría de contagiarse entre todos y si se expandiera como una gran epidemia aún mejor. Porque poner a funcionar nuestra capacidad de pensar y crear es lo más eficaz que podemos hacer para salir de esta crisis. Hemos de hacerlo con sentido crítico y además mantener ese esfuerzo para que iniciativas como la que se han vivido en muchas calles de nuestro país, no acaben tramposamente convertidas en argumento de un anuncio televisivo para una multinacional de telefonía o incluso manipuladas en las páginas de las calles de nuestro pueblo.
Necesitamos la capacidad de discernir porque nos hará dueños de nuestro futuro.
Hemos de ver con claridad que ahora ninguno de los que nos van a gobernar promete nada, con lo que a nada se comprometen. Así les hemos llevado hasta el poder, aceptando esas reglas de juego, hechas por quienes nos han traído hasta aquí y pensadas para que ellos se perpetúen.
Hemos de comprender y aceptar la parte de responsabilidad que nos toca por las decisiones tomadas equivocadamente, para volver a construir nuestra identidad que, siendo la de muchos, una buena parte no han podido encontrar.
Hemos de ser capaces de distinguir lo que está bien de lo que no. No está bien que se le quite a la gente humilde para, con ese dinero, pagar primero las deudas generadas por los delirios de grandeza de un mandamás cualquiera en la fórmula uno o con los barcos de los ricos. No está bien que los que ahora van a gobernar permitan que los mismos que nos han arruinado se queden con los servicios públicos básicos y que nos hagan pagar dos veces por aquello a lo que hemos accedido por derecho. Un derecho, unos derechos que han costado muchos años, esfuerzos, sacrificios e incluso vidas conseguir.
Hemos de ser capaces de separar el grano de la paja, de diferenciar la propaganda fácil y vacía de lo que de verdad nos hace avanzar como pueblo y como país: gente formada para el futuro que nos aguarda y no anclada en un pasado que nos ha traído estos lodos.
¿Y me preguntan qué le pediría a los Reyes Magos? Tal y como están últimamente las familias reales lo mejor es desearles buen viaje y que no toquen nada.
Así pues, más que una carta a los Magos de Oriente, bastará con que les haga un tweet: "Sres. Magos: como cada año, haced crecer la #ilusión en los ojos de los más pequeños para que los demás, al mirarnos en ellos, sepamos actuar de manera recta y consecuente".